DERECHO DE CONCILIACIÓN DE LA VIDA FAMILIAR Y LABORAL.

08 b.- Conciliación vida laboral y familiar.

Ante la amplia­ción de las fami­lias, por naci­mien­to o adop­ción de hijas e hijos, o por cui­da­do direc­to de meno­res de doce años, el tra­ba­ja­dor o tra­ba­ja­do­ra, en apli­ca­ción del artícu­lo 37.5 del Esta­tu­to de los Tra­ba­ja­do­res, ten­drá dere­cho a una reduc­ción de la jor­na­da de tra­ba­jo dia­ria, con la dis­mi­nu­ción pro­por­cio­nal del sala­rio.

La Acción de ejer­ci­tar la reduc­ción de jor­na­da, cons­ti­tu­ye un dere­cho indi­vi­dual de los tra­ba­ja­do­res, tan­to de hom­bres, como de muje­res, orien­ta­da a pro­mo­ver la con­ci­lia­ción de la vida fami­liar y labo­ral de las per­so­nas tra­ba­ja­do­ras.

La con­cre­ción hora­ria y la deter­mi­na­ción del perío­do de dis­fru­te del per­mi­so de lac­tan­cia y de la reduc­ción de jor­na­da, se rea­li­za­rá, según el Esta­tu­to de los Tra­ba­ja­do­res, en aten­ción a los dere­chos de con­ci­lia­ción de la vida per­so­nal, fami­liar y labo­ral del tra­ba­ja­dor y las nece­si­da­des pro­duc­ti­vas y orga­ni­za­ti­vas de las empre­sas.

A efec­tos de pro­mo­ver las accio­nes, el tra­ba­ja­dor y tra­ba­ja­do­ra, debe­rá pre­avi­sar a la empre­sa, con una ante­la­ción míni­ma de quin­ce días, pre­ci­san­do la fecha en que ini­cia­rá y fina­li­za­rá, el per­mi­so de lac­tan­cia, o la reduc­ción de jor­na­da.

Para el caso de exis­tir dis­cre­pan­cias entre empre­sa y tra­ba­ja­do­res sobre la con­cre­ción hora­ria, el trabajador/a debe­rá pre­sen­tar deman­da, en un pla­zo de 20 días, ante el Juz­ga­do de lo Social. Dicha deman­da, reci­bi­rá tra­mi­ta­ción pre­fe­ren­te como pro­ce­di­mien­to de carác­ter urgen­te, seña­lán­do­se el acto de la vis­ta, en los 5 días siguien­tes, a la pre­sen­ta­ción de la deman­da.

La com­pa­ti­bi­li­dad entre el dere­cho a la con­ci­lia­ción de la vida per­so­nal, fami­liar y labo­ral de los tra­ba­ja­do­res, es un Prin­ci­pio Rec­tor de la polí­ti­ca social y eco­nó­mi­ca, esta­ble­ci­do en el artícu­lo 39 de la Cons­ti­tu­ción Espa­ño­la de 1978, y como tal, pro­te­gi­do por los pode­res públi­cos.