DESPIDO DISCIPLINARIO, ABUSO EMPRESARIAL

06 b.- Despido Discilinario.

 DESPIDO DISCIPLINARIO, ABUSO EMPRESARIAL

En oca­sio­nes la empre­sa pro­ce­de a des­pe­dir al tra­ba­ja­dor por una “trans­gre­sión de la bue­na fe con­trac­tual” o por “abu­so de con­fian­za”. Ante todo para que esta cau­sa sea váli­da como for­ma de des­pi­do, deben ser demos­tra­bles por par­te de la empre­sa, y siem­pre den­tro de los lími­tes pro­por­cio­na­les y gra­dua­les, sobre la con­duc­ta del trabajador.

Según indi­ca la juris­pru­den­cia más recien­te de nues­tros Tri­bu­na­les Supe­rio­res de Jus­ti­cia, deben exis­tir ele­men­tos de des­obe­dien­cia o indis­ci­pli­na, rea­li­za­dos por el tra­ba­ja­dor, que jus­ti­fi­quen el des­pi­do, englo­ba­dos con­for­me a la teo­ría gra­dua­lis­ta y pro­por­cio­nal de la san­ción. Gene­ral­men­te, la cuan­ti­fi­ca­ción se rea­li­za con­for­me a una com­pa­ra­ti­va con el res­to de los tra­ba­ja­do­res en con­di­cio­nes simi­la­res, en la empresa.

Es siem­pre la empre­sa­rio al que le incum­be la car­ga de pro­bar que los hechos gene­ra­do­res de la extin­ción cons­ti­tu­yen la cau­sa de des­pi­do, cons­ta­ta­da por indi­cios racio­na­les y fác­ti­cos, debien­do recha­zar­se las meras esti­ma­cio­nes o jui­cios de valor empre­sa­rial, y en pro­por­ción. El des­pi­do es la san­ción más gra­ve posi­ble por par­te del ius punien­di empre­sa­rial. Has­ta ejer­ci­tar­lo, el empre­sa­rio está facul­ta­do para impo­ner otras san­cio­nes. Según la pro­pia teo­ría gra­dua­lis­ta, el dere­cho a san­cio­nar debe rea­li­zar­se con una ade­cua­da proporción.

En apli­ca­ción de la juris­pru­den­cia, el Tri­bu­nal Supre­mo ha defi­ni­do que para que el des­pi­do por esta cau­sa sea pro­ce­den­te, debe haber un incum­pli­mien­to gra­ve y cul­pa­ble del tra­ba­ja­dor, que jus­ti­fi­que la des­obe­dien­cia o indis­ci­pli­na, y para ello, el tra­ba­ja­dor ha debi­do de actuar con: mali­cia; negli­gen­cia inex­cu­sa­ble; enga­ño; lucro; bene­fi­cio o pro­pó­si­to de bene­fi­cio; per­jui­cio o posi­bi­li­dad de perjuicio.

Si la empre­sa no acre­di­ta que su deci­sión está fun­da­men­ta­da en esos pun­tos, el tra­ba­ja­dor podrá impug­nar ante el SMAC, y pos­te­rior­men­te ante el Juz­ga­do de lo Social, su reso­lu­ción de con­tra­to, como des­pi­do impro­ce­den­te, recla­man­do su indemnización.